Me llamo Rodrigo y soy exportador de quinua orgánica en La Paz, Bolivia. La quinua que vendemos no sale de un gran sembradío industrial:: viene de parcelas familiares en el altiplano, donde más de cuarenta pequeños productores siembran, cosechan y limpian grano bajo el sol y el viento, con una dedicación que solo puede nacer del orgullo por su tierra. Cada pago que recibo del exterior no es solo mi ingreso: es el sustento de decenas de familias campesinas.
Durante años, nuestros clientes en California nos pagaban a través de transferencias bancarias internacionales. Era un proceso lento y lleno de papeleo, pero al final el dinero llegaba y yo podía distribuirlo entre los productores. Con eso manteníamos viva toda una cadena de trabajo.
Pero cuando comenzaron a escasear los dólares en Bolivia, todo se vino abajo. Los bancos dejaron de hacer desembolsos en dólares, incluso en cuentas denominadas en esa moneda. Ahora, cada vez que llega una transferencia SWIFT en dólares, el banco solo ofrece hacer retiros en bolivianos al cambio oficial, que está muy por debajo del paralelo–de hecho, ha estado más o menos a la mitad los últimos meses y es probable que esta discrepancia se exacerbe en un futuro cercano.
Eso significó que, aunque mis clientes me enviaran dólares, yo recibía bolivianos devaluados que no alcanzaban ni para cubrir los costos básicos. Veía cómo el fruto del esfuerzo de tantas familias se perdía en un sistema que ya no funcionaba. Llegué a sentirme impotente: los productores me llamaban preguntando cuándo podría pagarles y yo no tenía respuestas.
Hubo un momento en el que la desesperación me llevó a hacer lo impensable: viajaba personalmente a Estados Unidos para retirar allá el dinero de mis ventas y traerlo en efectivo a Bolivia. Funcionó, pero era absurdo. Gasté miles de dólares en pasajes, trámites y seguros, y todo el tiempo viajaba con el miedo de que algo saliera mal. Era agotador, costoso y peligroso, pero no podía permitir que las familias que dependen de mí quedaran sin ingresos.
Cuando ya estaba al borde de suspender las exportaciones, a través de amigos importadores que también se hallaban en aprietos, conocí PrismaPay, y sinceramente fue como volver a respirar. Con ellos, mis clientes en California siguen pagando en dólares como siempre, pero el dinero no entra al sistema bancario boliviano: PrismaPay lo recibe en USD, lo convierte a [stablecoins](https://es.wikipedia.org/wiki/Criptomoneda_estable 'Wiki de stablecoins’), lo transfiere a Bolivia y luego lo convierte en bolivianos al valor real de mercado, depositándolo en mi cuenta local.
Si deseo, también puedo escoger que el dinero permanezca en USDCs o USDTs, custodiado de manera segura con un sistema de computación multipartidaria (MPC), lo último en ciberseguridad
El proceso de envío y recepción toma apenas unas horas y las comisiones son mínimas. Puedo seguir cada paso en tiempo real y el equipo responde mis mensajes en minutos, a cualquier hora del día, cualquier día. No necesito hacer colas, no tengo que llenar formularios eternos, y mis clientes tampoco deben aprender nada sobre blockchain: para ellos es tan simple como una transferencia bancaria.
Gracias a PrismaPay, pude volver a pagar puntualmente a mis productores. Pude ver la tranquilidad en sus rostros cuando les deposité lo que les correspondía, sabiendo que sus hijos iban a tener comida en la mesa y que podían seguir trabajando su tierra con dignidad. Hoy siento que recuperé el control de mi negocio, pero más que eso, siento que recuperé la confianza de la gente que creyó en mí cuando todo parecía derrumbarse.
Sin PrismaPay, nuestras exportaciones de quinua no habrían sobrevivido. Con ellos, no sólo seguimos adelante: crecemos juntos.
Rodrigo C.