Historia de un importador: cómo PrismaPay me solucionó la vida

Las crisis del dólar nos cayó como balde de agua fría. Durante más de una década vivimos con un tipo de cambio fijo y aunque las transferencias al exterior eran lentas y costosas, al menos funcionaban. Pero en poco tiempo todo se vino abajo. Las reservas del Banco Central empezaron a agotarse, los bancos se quedaron sin disponibilidad de dólares y como consecuencia nació y creció el dólar paralelo, que pasó de ser un rumor de pasillo a convertirse en la referencia real del mercado.

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Historia de un importador: cómo PrismaPay me solucionó la vida

Las crisis del dólar nos cayó como balde de agua fría. Durante más de una década vivimos con un tipo de cambio fijo y aunque las transferencias al exterior eran lentas y costosas, al menos funcionaban. Pero en poco tiempo todo se vino abajo. Las reservas del Banco Central empezaron a agotarse, los bancos se quedaron sin disponibilidad de dólares y como consecuencia nació y creció el dólar paralelo, que pasó de ser un rumor de pasillo a convertirse en la referencia real del mercado.

Para mí, que soy importador de repuestos de maquinaria para la construcción en Santa Cruz de la Sierra, esta crisis no fue una estadística o una noticia de segunda página en el periódico: fue un golpe directo a mi sustento. Las obras no esperan. Un motor, una transmisión o una bomba hidráulica que no llega a tiempo puede frenar una paralizar la construcción de una carretera, edificio o una fábrica. Y de pronto, el sistema que siempre había usado para cumplir con mis proveedores dejó de funcionar.

Antes, enviar dinero al exterior con el banco era trabajoso pero posible: colas, formularios interminables, días de espera. Pero en los últimos dos años pasó de ser difícil a ser imposible. Los bancos empezaron a imponer cupos ridículos, listas de espera interminables y condiciones que me hacían sentir como si estuviera rogando un favor por usar mi propio dinero. Peor aún, cuando finalmente lograba hacer una transferencia, el costo era un desangre: me aplicaban un tipo de cambio mucho más alto que el paralelo y, encima, me cobraban entre un 2% y un 7% adicional en comisiones. Cada operación era perder dinero de manera absurda, y cada retraso me ponía contra la pared frente a mis proveedores en Brasil, China o Estados Unidos.

Llegó un punto en el que pensé en tirar la toalla. Tenía contratos que cumplir, clientes que confiaban en mí y proveedores que me habían dado crédito por años, pero estaba atrapado en un sistema que no me dejaba trabajar. La impotencia de saber que el problema no era mi falta de recursos ni mi falta de voluntad, sino las trabas del propio sistema financiero, fue un golpe durísimo. Sentí que todo mi esfuerzo de años se podía venir abajo por no poder mover el dinero a tiempo.

Fue en ese momento, cuando estaba al borde de abandonar mis operaciones, que conocí a PrismaPay, una empresa de servicios financieros que opera con la última tecnología blockchain. Al principio lo vi con escepticismo, y es que más allá de que uno ya está cansado de promesas que suenan demasiado buenas para ser ciertas, yo tenía mis dudas sobre todo el asunto de las criptomonedas. Pero decidí probar, y la diferencia fue brutal. Donde antes tenía trabas, encontré fluidez; donde antes había incertidumbre, encontré certeza. Con PrismaPay puedo enviar dinero a mis proveedores en cuestión de una hora. Sí, una hora. Y en vez de perder hasta un 7% adicional sobre un tipo de cambio abusivo, pago comisiones menores al 3%, claras y transparentes.

Más allá de los números, está el alivio de volver a confiar. El equipo de PrismaPay me responde en minutos, sin importar la hora. No tengo que hacer filas, no tengo que llenar formularios interminables. Todo lo gestiono desde mi celular. Y cuando fui a visitarlos en su oficina en Manzana 40, recibí un trato cálido y a la vez profesional en un ambiente cómodo.

Lo que me terminó de convencer fue que aprovechan la tecnología blockchain sin que yo tenga que complicarme. Siempre tuve curiosidad por el mundo de las criptos, pero no tengo tiempo para aprender a manejar billeteras digitales, y mucho menos puedo pedirle a mis proveedores que lo hagan. Con PrismaPay no hace falta. PrismaPay recibe mis bolivianos, los convierte en USDCs (una criptomoneda de máxima seguridad cuyo valor está fijado al dólar americano), envían el dinero al exterior y, por medio de sus contratos con empresas líderes mundiales en tecnología financiera, hacen el off-ramp, es decir, lo convierten nuevamente en dólares u otra moneda fiat y llega directo a la cuenta bancaria de mi proveedor. Para él es como siempre: recibe dinero en su banco, sin complicaciones. Para mí es un proceso seguro, veloz y transparente que me permite cumplir sin sobresaltos.

Hoy puedo decir que PrismaPay me devolvió la tranquilidad. Lo que parecía el final de mi negocio se transformó en un nuevo comienzo. Mis proveedores reciben sus pagos a tiempo, mis clientes saben que pueden confiar en mis entregas, y yo puedo concentrarme en crecer en lugar de pelear contra formularios, cupos e incertidumbres Por eso lo digo con toda la fuerza de alguien que estuvo al borde de perderlo todo: PrismaPay me solucionó la vida.

José Carlos M.

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