La criptosolución a todos nuestros problemas

Criptomonedas, bitcoin, tokens, ‘eneftís’, criptoactivos, criptoesto, criptolootro…es una oleada de nuevos términos con timbre de videojuego que, desde hace unos años ya, invaden tanto las noticias financieras y tecnológicas más importantes como también la charla insulsa de los sobrinos en los almuerzos familiares los domingos. Cada quien, con su combinación particular de curiosidad y aversión por la novedad, tiene un entendimiento diferente de lo que significa la tecnología cripto, pero su creciente ubicuidad y la volatilidad económica y política actual de nuestro entorno exigen que de una vez 1) entendamos bien de qué se trata el asunto y 2) decidamos: ¿son confiables las criptomonedas?

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La criptosolución a todos nuestros problemas

Criptomonedas, bitcoin, tokens, ‘eneftís’, criptoactivos, criptoesto, criptolootro…es una oleada de nuevos términos con timbre de videojuego que, desde hace unos años ya, invaden tanto las noticias financieras y tecnológicas más importantes como también la charla insulsa de los sobrinos en los almuerzos familiares los domingos. Cada quien, con su combinación particular de curiosidad y aversión por la novedad, tiene un entendimiento diferente de lo que significa la tecnología cripto, pero su creciente ubicuidad y la volatilidad económica y política actual de nuestro entorno exigen que de una vez 1) entendamos bien de qué se trata el asunto y 2) decidamos: ¿son confiables las criptomonedas?

Para comprender lo que son las criptomonedas, es útil conocer su historia, prestando atención a su primera implementación viable: bitcoin. Bitcoin nace en 2009, anunciado y explicado en un paper científico de la autoría del pseudónimo Satoshi Nakamoto. En este paper, titulado “Bitcoin: Sistema de Dinero Electrónico De-Usuario-A-Usuario”, se presenta un sistema de dinero digital que se vale de fundamentos matemáticos y el poder computacional de una red descentralizada de servidores voluntarios. Para darle sentido a esto, hagamos un paréntesis y preguntémonos algo que puede parecer obvio pero que capaz no lo es tanto: ¿qué es el dinero?

El dinero es un objeto contable, físico o digital, que guarda valor fungible y por ende sirve para llevar a cabo intercambios de bienes y servicios. El dinero fíat, que es el dinero que utilizamos tradicionalmente (e.g. dólares, euros, bolivianos, etc.), es emitido por estados a través de bancos centrales y almacenado en gran parte por bancos privados y su valor es determinado por la confianza que se tiene en el sistema que conforman dichas entidades. El bitcoin viene a ser dinero sustentado por un sistema alternativo,en el que la emisión y almacenamiento de los fondos yace en una red de computadoras regida por un protocolo estricto, cuyos algoritmos de seguridad asignan y mantienen los valores en las billeteras digitales de los usuarios, garantizando la efectividad de las transacciones y previniendo desfalcos y doble-gastos (instancia en la que una misma moneda es usada dos veces). El historial y estado de todas las cuentas y transacciones están almacenados en la blockchain (cadena de bloques), un registro compartido y verificado por un enorme red de servidores interconectados llamados nodos que llevan a cabo todo el cómputo necesario por un bajo costo (pagado en bitcoin). El software que controla esta red es público, así como lo es el registro de todas las transacciones. Sin embargo, la identidad de los propietarios de las billeteras permanece secreta porque solo es necesario un código numérico (llamado llave privada) para realizar transacciones.

Por último, el valor de cada moneda es determinado por nada más que oferta y demanda. El bitcoin está protegido ante la inflación puesto que su protocolo dicta una producción temporizada y limitada de monedas a través de trabajo de cómputo por parte de los nodos–a diferencia de las monedas fíat, que pueden ser producidas al antojo por sus respectivos gobiernos.

Para resumir, el bitcoin sirve para lo mismo que el dinero fíat–es decir, recibir, pagar y almacenar valor–con la diferencia que la confianza de su funcionamiento se transfiere del gobierno y los bancos a la red de la blockchain. ¿Entonces, en cuál confiamos más, en políticos y banqueros o en una enorme red de computadoras regidas por protocolo público e inmutable? Creo que la respuesta es obvia.

No es casualidad que el famoso paper de Satoshi Nakamoto se publicara en 2009. Un año antes, el mal manejo del sistema bancario americano provocó una crisis financiera que dejó a millones sin ahorros y sin empleo. El gobierno de Estados Unidos emitió trillones de dólares por medio de su programa de “flexibilización cuantitativa” y los utilizó para rescatar a los bancos quebrados. Guardar o mover dinero siempre lleva sus riesgos, pero la verdad es que es más posible que quiebre tu banco, que roben tu chanchito o que se desmorone el estado nacional a que fracase la red de la blockchain. El mayor riesgo con el bitcoin sería que este se devalúe por falta de demanda, pero todo indica que sucederá lo contrario. Desde los inicios de la red, un bitcoin ha pasado de valer centavos a más de $US110.000 y el valor sigue subiendo a medida que el mundo va conociendo la confiabilidad y las utilidades de esta tecnología.

Bitcoin fue la primera criptomoneda, pero no es ni de lejos la única. A lo largo de las últimas dos décadas, han surgido decenas de blockchains, cada una con su propio protocolo que prioriza algunas necesidades por encima de otras y propone nuevas características. Estas nuevas blockchains traen nuevas monedas y nuevos usos. Algunas, como Solana por ejemplo, resaltan por proveer la estructura para implementar software con funciones como la conversión prácticamente inmediata entre diferentes criptomonedas con costos mínimos. Hay plataformas que sirven para convertir dinero fíat a dinero cripto y viceversa, enviar dinero a destinos internacionales dentro y fuera de la blockchain, hacer inversiones o sacar préstamos. El mundo cripto es un mundo dinámico, complejo y repleto de emergentes posibilidades

En latinoamérica, el uso de los criptoactivos, término genérico para variedad de objetos de valor funcionan en la blockchain, es cada vez mayor. En Brasil, la tecnología blockchain fue protagonista de una revolución en pagos interbancarios, por lo que este país ya lleva algunos años entre los 10 países con mayor porcentaje de usuarios de criptomonedas a nivel mundial. En Argentina y Venezuela, los stablecoins, criptoactivos de valor fijado una moneda fíat (principalmente el dólar americano), han brindado socorro a millones de usuarios ante las dificultades de la hiperinflación. En el caso de Bolivia, la crisis política, económica y monetaria también ha generado la necesidad de una moneda deslindada del banco central y los bancos privados. El boliviano se devalúa impredeciblemente mientras que el estado mantiene una tasa de cambio oficial ficticia, por lo que no hay dólares para comprar y los bancos no permiten retirar ni enviar dólares al extranjero. Las criptomonedas se han presentado como una solución ideal a estas circunstancias y, a partir de la creación de empresas locales de fintech (tecnología financiera) y la implementación de software confiable, dicha solución ahora está al alcance de todos. No por nada vemos que, según una encuesta reciente de Latam Rankings, el número de usuarios de criptos en Bolivia ha aumentado en un 355% solo en el segundo trimestre de 2025.

Históricamente, Bolivia ha tardado, probablemente por una combinación de factores culturales y económicos, en sumarse a las revoluciones tecnológicas–tarjetas de crédito, internet, smartphones, etc. Sin embargo, la coyuntura ha impulsado a Bolivia a querer nivelarse con sus vecinos y el mundo en el ámbito de las criptomonedas. Después de todo, no queda duda de que a nivel colectivo, cuanto antes un país las adopte, mejor se podrá desenvolver en la economía global, y a nivel individual, quienes las aprovechen antes tendrán una sólida ventaja sobre los demás a la hora de manejar sus finanzas. Lo interesante es que, debido a las circunstancias regionales mencionadas y a sus sistemas financieros menos estructurados, Latinoamérica–soñadora y versátil–no solo se acopla a la revolución, sino que va desarrollando un perfil de líder en innovación tecnológica y normativa en el mundo cripto.

Enzo Malky

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